sábado, 23 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
La economía le consume el crédito al presidente Macri
10/04/16.
Opinión de un internauta:
Pedro Sanchez · Mi propio jefe en Autónomo
Ahora resulta que nos vamos a endeudar en 15 mil millones, los bonos que vamos a emitir no los vamos a entregar a valor nominal sino a precio del mercado, o sea que quienes nos cobran le van a poner precio, que no era tan sencillo el pago, Obama le insto a macri a pagar a los holdouts lo antes posible, le insto u ordeno?, volvemos a la entrega de nuestra economìa a los organismos internacionales, a que nos manejen la economia, o sea, como corolario: baja del poder adquisitivo del salario, ya bajò un 50% como mìnimo, aplastamiento de la economìa, para controlar la inflaciòn, supuestamente, tasas altas que impiden la viabilidad de tomar dinero para producciòn a las pymes que no tienen acceso al crèdito externo, lo que produce una baja en la producciòn y por lo tanto incremento en la desocupaciòn. Estoy contando una pelìcula que ya vi dos veces en la que el muchachito, el asalariado, pierde ante los malos.
Opinión de un internauta:
Pedro Sanchez · Mi propio jefe en Autónomo
Ahora resulta que nos vamos a endeudar en 15 mil millones, los bonos que vamos a emitir no los vamos a entregar a valor nominal sino a precio del mercado, o sea que quienes nos cobran le van a poner precio, que no era tan sencillo el pago, Obama le insto a macri a pagar a los holdouts lo antes posible, le insto u ordeno?, volvemos a la entrega de nuestra economìa a los organismos internacionales, a que nos manejen la economia, o sea, como corolario: baja del poder adquisitivo del salario, ya bajò un 50% como mìnimo, aplastamiento de la economìa, para controlar la inflaciòn, supuestamente, tasas altas que impiden la viabilidad de tomar dinero para producciòn a las pymes que no tienen acceso al crèdito externo, lo que produce una baja en la producciòn y por lo tanto incremento en la desocupaciòn. Estoy contando una pelìcula que ya vi dos veces en la que el muchachito, el asalariado, pierde ante los malos.
domingo, 3 de abril de 2016
Una voz contra los aumentos
3/04/16.
Por: Leo Ricciardino.
Esta vez el estallido de Lilita Carrió reclamándole al presidente Mauricio Macri por los “aumentos brutales”, fue escuchado con atención por gran parte de la sociedad argentina. No porque fuera Carrió la “vocera” sino porque la gente esperaba que alguien alce su voz. Y si era alguien del oficialismo mejor todavía, no se hubiese escuchado igual en boca de una oposición que todavía se debate entre la timidez y la culpa.
El tuit más duro de la diputada fue el que señalaba “no podemos ahogar a la gente que nos acompañó con el cambio”. Ahí dio en la médula de lo que vastos sectores que acompañaron Macri en el balotaje pueden llegar a estar sintiendo: Una sensación bastante parecida a la estafa.
Los tarifazos, la suba indiscriminada de precios y el creciente desempleo ya ocupan un lugar tan grande y central que no puede tapado solo por el video sin fin del hijo de Lázaro Báez contando millones en una financiera. Es más, la quita brutal de subsidios ya abrió grietas entre los periodistas de los principales medios concentrados.
“Capital vivió en una burbuja respecto de las tarifas” volvió a acertar Carrió que no tuvo empacho en decir que fue “muy divertido ver a dos hombres intentando domesticarme” en referencia a la reunión que tuvo en Olivos con Macri y el retirado Ernesto Sanz. Ya hubo un gobierno nacional del que Lilita se despegó rápidamente antes del derrumbe catastrófico. No habría que dejar de prestarle atención. Sólo parece, pero no es.
No fue una buena semana para el gobierno nacional, pero menos para los habitantes de este país. Encima, Jorge Todesca difundió los primeros números oficiales del Indec y vino la sorpresa: En diciembre del 2015 el PBI creció 2,1 por ciento, mientras que en el primer trimestre de 2016 lo hizo sólo en un 0,9 por ciento. En diciembre la inflación había empezado a desacelerar. La pesada herencia, resultó un poco más liviana de lo que decían.
http://www.rosarioplus.com/opinion/Una-voz-contra-los-aumentos-20160331-0041.html
Por: Leo Ricciardino.
Esta vez el estallido de Lilita Carrió reclamándole al presidente Mauricio Macri por los “aumentos brutales”, fue escuchado con atención por gran parte de la sociedad argentina. No porque fuera Carrió la “vocera” sino porque la gente esperaba que alguien alce su voz. Y si era alguien del oficialismo mejor todavía, no se hubiese escuchado igual en boca de una oposición que todavía se debate entre la timidez y la culpa.
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| Carrió criticó los tarifazos y la suba de precios. |
El tuit más duro de la diputada fue el que señalaba “no podemos ahogar a la gente que nos acompañó con el cambio”. Ahí dio en la médula de lo que vastos sectores que acompañaron Macri en el balotaje pueden llegar a estar sintiendo: Una sensación bastante parecida a la estafa.
Los tarifazos, la suba indiscriminada de precios y el creciente desempleo ya ocupan un lugar tan grande y central que no puede tapado solo por el video sin fin del hijo de Lázaro Báez contando millones en una financiera. Es más, la quita brutal de subsidios ya abrió grietas entre los periodistas de los principales medios concentrados.
“Capital vivió en una burbuja respecto de las tarifas” volvió a acertar Carrió que no tuvo empacho en decir que fue “muy divertido ver a dos hombres intentando domesticarme” en referencia a la reunión que tuvo en Olivos con Macri y el retirado Ernesto Sanz. Ya hubo un gobierno nacional del que Lilita se despegó rápidamente antes del derrumbe catastrófico. No habría que dejar de prestarle atención. Sólo parece, pero no es.
No fue una buena semana para el gobierno nacional, pero menos para los habitantes de este país. Encima, Jorge Todesca difundió los primeros números oficiales del Indec y vino la sorpresa: En diciembre del 2015 el PBI creció 2,1 por ciento, mientras que en el primer trimestre de 2016 lo hizo sólo en un 0,9 por ciento. En diciembre la inflación había empezado a desacelerar. La pesada herencia, resultó un poco más liviana de lo que decían.
http://www.rosarioplus.com/opinion/Una-voz-contra-los-aumentos-20160331-0041.html
sábado, 2 de abril de 2016
Del ajuste a la deuda
Sábado, 02 de abril de 2016.
Por David Cufré.
La aprobación del Congreso al acuerdo con los fondos buitre y el aumento de tarifas de servicios públicos son trazos firmes de la nueva política económica. Ambas decisiones guardan coherencia interna como parte del plan de restauración de un modelo neoliberal. Entender el ciclo de endeudamiento del Estado que pregona el macrismo desligado de esa matriz puede llevar a confusiones. El Gobierno pretende recuperar el crédito externo como puente hacia un modelo de valorización financiera, no para profundizar el proyecto de desarrollo productivo que intentó el kirchnerismo. Esta es la diferencia fundamental que pone en contradicción a los legisladores del Frente para la Victoria que votaron a favor del mal arreglo con Singer y compañía. Atentar contra la industria y el mercado interno como lo hace el Gobierno con el tarifazo, las tasas al 38 por ciento, la apertura comercial y los despidos demuestra que la intención del oficialismo no es trabajar sobre las causas estructurales de la restricción externa –insuficiencia de divisas–, sino habilitar canales de financiamiento para proveer de dólares a los sectores concentrados de la economía, como ocurrió en la dictadura y en los 90. Lo que se financia es la fuga de capitales.
La Unión Industrial Argentina entregó el jueves una serie de datos al ministro de Producción, Francisco Cabrera, sobre el impacto del aumento de la electricidad en empresas de distintos rubros. El frigorífico Recreo pasó de pagar 298 mil pesos en diciembre a 944 mil en febrero; la productora de herramientas Bahco soportó un salto de 228 mil a 612 mil; la láctea Milkaut, de 1,8 millón a 5,2 millones; la productora de alimentos Conosud, de 47 mil a 158 mil; Trocadero de cerdos, de 87 mil a 157 mil, y Leiner Argentina, también alimenticia, de 783 mil a 3,7 millones. El cimbronazo en los costos se multiplicará ahora con el ajuste del 300 por ciento en las tarifas de gas, del 375 en agua y el alza de los combustibles, mientras los ingresos empresarios caen por la menor demanda interna y la agudización de la crisis en Brasil. La política de subsidios formaba parte de una estrategia para mejorar la competitividad de la producción nacional y aumentar la capacidad de consumo de la población.
El equipo económico se muestra despreocupado frente al derrumbe productivo y del consumo que ocasionan sus medidas. La energía del Gobierno, en cambio, se concentra en pagarles rápido a los buitres y salir a tomar deuda. Es una dinámica que los argentinos ya conocen: desindustrialización, aumento del desempleo, pérdida de derechos sociales –en la hoja de ruta de Cambiemos ya aparece una reforma previsional con la impronta de la JP Morgan–, distribución regresiva del ingreso y una hipoteca de endeudamiento que crece como bola de nieve. La paralización de obras públicas con financiamiento asegurado de organismos internacionales y bancos de China y Brasil, y el aplazamiento de proyectos ambiciosos como el plan satelital son otros ejemplos en la misma línea. Echarle la culpa a la herencia de un cambio de rumbo tan drástico solo puede funcionar con la impunidad que provee el aparato mediático oficialista. Hasta la muletilla de que la economía no crecía hace cuatro años se desplomó con las cifras de 2015 que presentó el Indec a mitad de semana, con un avance del PIB del 2,1 por ciento ese año.
Una ventaja del macrismo en relación a experiencias neoliberales anteriores, como las de Menem y De la Rúa, es el bajo nivel de endeudamiento público y privado que recibió luego de doce años de políticas heterodoxas. Eso le da mayor margen para empapelar el mundo con bonos argentinos. La crisis de solvencia de la convertibilidad estalló después de una década, en 2001, con una evolución de la deuda pública externa que pasó de representar el 22,1 por ciento del PIB al 32,7 por ciento, en tanto que la deuda pública nacional trepó de 28,2 a 51,8 por ciento. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en tanto, dejó un nivel de deuda pública externa de 14 puntos del PIB, mientras que la deuda pública nacional se ubicó en 44 puntos. La deuda externa total, pública y privada, se movió de 22,3 a 44,2 por ciento del PIB en la convertibilidad, y retrocedió a 26 por ciento en 2015.
La herencia de desendeudamiento es un dato clave del escenario económico que el macrismo oculta deliberadamente. La exitosa reestructuración de la deuda de 2005 y 2010 y el aprovechamiento del viento de cola de los primeros años del kirchnerismo para cancelar pasivos con reservas, política que siguió incluso cuando el viento se puso de frente desde 2008, abre una ventana de oportunidad para que el financiamiento que se puede obtener ahora vaya a proyectos que aumenten la capacidad productiva nacional. Sin embargo, las medidas que despliega el gobierno de Cambiemos no van en esa dirección. La emisión de deuda proyectada es para cubrir gastos corrientes y compensar el déficit de divisas que se agudizó con el levantamiento de las regulaciones cambiarias –el mal llamado cepo– y la apertura para la salida de divisas. Es un esquema similar al que se dio en los 90.
El mayor problema de tomar deuda sin desarrollar las condiciones productivas para su repago es que cuando se corta el crédito, el país se desploma. Mientras tanto, va creciendo el peso de los intereses sobre el presupuesto, y el ajuste que supuestamente se quería evitar en un principio se hace cada vez más grande pasados los años. Este es otro punto básico que el Gobierno minimiza frente a la opinión pública, como si la deuda no generara obligaciones.
La experiencia del menemismo y de la primera Alianza es ilustrativa en este sentido. En 1993, la carga de servicios de la deuda pública sobre el presupuesto del Estado nacional representaba el 6,6 por ciento del gasto total. Fueron 2400 millones de pesos sobre 37.300 millones. En 1994 el gobierno tuvo que destinar el 7,6 por ciento del presupuesto a intereses. En 1995, subió a 9,8. En 1996, bajó a 9,1. Y de 1997 en adelante la evolución siempre fue en ascenso: 13,2 por ciento ese año, 14,5 en 1998 y 17,4 en 1999. A De la Rúa le tocó la peor parte. El plan deuda de los años previos, que su gobierno profundizó con el blindaje –siempre a tasas de interés crecientes–, llevó a que en el presupuesto del año 2000, el 20,4 por ciento del total de recursos se destinara a cancelar servicios de la deuda. En 2001, finalmente, el 24,3 por ciento del gasto disponible del Estado nacional se utilizó para pagar intereses. En números absolutos, 11.700 millones de pesos sobre un presupuesto de 47.900 millones. Es decir, casi una cuarta parte del gasto era para cumplir con los acreedores, lo que no dejaba demasiado para cubrir necesidades básicas de millones de argentinos. En un último gesto desesperado para que los mercados y el FMI siguieran alimentando la rueda del endeudamiento para pagar deuda, Ricardo López Murphy quiso hacer un ajuste brutal que lo eyectó del Ministerio de Economía en 15 días, y Domingo Cavallo, que lo sucedió, se lanzó con el déficit cero y el megacanje. A esa altura, el estallido por el default socio-laboral de la Alianza fue cuestión de meses. Repasando, en ocho años, de 1993 a 2001, la carga de intereses pasó del 6,6 al 24,3 por ciento del presupuesto.
En el mismo período, el stock de activos externos de los argentinos subió de 57.800 millones de dólares a 101.400 millones. Lo que se conoce como la fuga de capitales se llevó una buena parte del endeudamiento de esos años. En 2014, la carga de intereses fue equivalente al 7,6 por ciento del presupuesto, mientras que datos preliminares de los montos ejecutados en 2015 lo sitúan por debajo de esa cifra, aunque las cuentas de inversión que publica la Contaduría General de la Nación aún no permiten obtener números precisos. De todos modos, Cambiemos tiene el taxímetro de la deuda en mínimos históricos. Será su responsabilidad cuidar esa conquista de todos los argentinos y no dilapidarla en otra aventura de la deuda en beneficio de pocos.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-296039-2016-04-02.html
Por David Cufré.
La aprobación del Congreso al acuerdo con los fondos buitre y el aumento de tarifas de servicios públicos son trazos firmes de la nueva política económica. Ambas decisiones guardan coherencia interna como parte del plan de restauración de un modelo neoliberal. Entender el ciclo de endeudamiento del Estado que pregona el macrismo desligado de esa matriz puede llevar a confusiones. El Gobierno pretende recuperar el crédito externo como puente hacia un modelo de valorización financiera, no para profundizar el proyecto de desarrollo productivo que intentó el kirchnerismo. Esta es la diferencia fundamental que pone en contradicción a los legisladores del Frente para la Victoria que votaron a favor del mal arreglo con Singer y compañía. Atentar contra la industria y el mercado interno como lo hace el Gobierno con el tarifazo, las tasas al 38 por ciento, la apertura comercial y los despidos demuestra que la intención del oficialismo no es trabajar sobre las causas estructurales de la restricción externa –insuficiencia de divisas–, sino habilitar canales de financiamiento para proveer de dólares a los sectores concentrados de la economía, como ocurrió en la dictadura y en los 90. Lo que se financia es la fuga de capitales.
La Unión Industrial Argentina entregó el jueves una serie de datos al ministro de Producción, Francisco Cabrera, sobre el impacto del aumento de la electricidad en empresas de distintos rubros. El frigorífico Recreo pasó de pagar 298 mil pesos en diciembre a 944 mil en febrero; la productora de herramientas Bahco soportó un salto de 228 mil a 612 mil; la láctea Milkaut, de 1,8 millón a 5,2 millones; la productora de alimentos Conosud, de 47 mil a 158 mil; Trocadero de cerdos, de 87 mil a 157 mil, y Leiner Argentina, también alimenticia, de 783 mil a 3,7 millones. El cimbronazo en los costos se multiplicará ahora con el ajuste del 300 por ciento en las tarifas de gas, del 375 en agua y el alza de los combustibles, mientras los ingresos empresarios caen por la menor demanda interna y la agudización de la crisis en Brasil. La política de subsidios formaba parte de una estrategia para mejorar la competitividad de la producción nacional y aumentar la capacidad de consumo de la población.
El equipo económico se muestra despreocupado frente al derrumbe productivo y del consumo que ocasionan sus medidas. La energía del Gobierno, en cambio, se concentra en pagarles rápido a los buitres y salir a tomar deuda. Es una dinámica que los argentinos ya conocen: desindustrialización, aumento del desempleo, pérdida de derechos sociales –en la hoja de ruta de Cambiemos ya aparece una reforma previsional con la impronta de la JP Morgan–, distribución regresiva del ingreso y una hipoteca de endeudamiento que crece como bola de nieve. La paralización de obras públicas con financiamiento asegurado de organismos internacionales y bancos de China y Brasil, y el aplazamiento de proyectos ambiciosos como el plan satelital son otros ejemplos en la misma línea. Echarle la culpa a la herencia de un cambio de rumbo tan drástico solo puede funcionar con la impunidad que provee el aparato mediático oficialista. Hasta la muletilla de que la economía no crecía hace cuatro años se desplomó con las cifras de 2015 que presentó el Indec a mitad de semana, con un avance del PIB del 2,1 por ciento ese año.
Una ventaja del macrismo en relación a experiencias neoliberales anteriores, como las de Menem y De la Rúa, es el bajo nivel de endeudamiento público y privado que recibió luego de doce años de políticas heterodoxas. Eso le da mayor margen para empapelar el mundo con bonos argentinos. La crisis de solvencia de la convertibilidad estalló después de una década, en 2001, con una evolución de la deuda pública externa que pasó de representar el 22,1 por ciento del PIB al 32,7 por ciento, en tanto que la deuda pública nacional trepó de 28,2 a 51,8 por ciento. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en tanto, dejó un nivel de deuda pública externa de 14 puntos del PIB, mientras que la deuda pública nacional se ubicó en 44 puntos. La deuda externa total, pública y privada, se movió de 22,3 a 44,2 por ciento del PIB en la convertibilidad, y retrocedió a 26 por ciento en 2015.
La herencia de desendeudamiento es un dato clave del escenario económico que el macrismo oculta deliberadamente. La exitosa reestructuración de la deuda de 2005 y 2010 y el aprovechamiento del viento de cola de los primeros años del kirchnerismo para cancelar pasivos con reservas, política que siguió incluso cuando el viento se puso de frente desde 2008, abre una ventana de oportunidad para que el financiamiento que se puede obtener ahora vaya a proyectos que aumenten la capacidad productiva nacional. Sin embargo, las medidas que despliega el gobierno de Cambiemos no van en esa dirección. La emisión de deuda proyectada es para cubrir gastos corrientes y compensar el déficit de divisas que se agudizó con el levantamiento de las regulaciones cambiarias –el mal llamado cepo– y la apertura para la salida de divisas. Es un esquema similar al que se dio en los 90.
El mayor problema de tomar deuda sin desarrollar las condiciones productivas para su repago es que cuando se corta el crédito, el país se desploma. Mientras tanto, va creciendo el peso de los intereses sobre el presupuesto, y el ajuste que supuestamente se quería evitar en un principio se hace cada vez más grande pasados los años. Este es otro punto básico que el Gobierno minimiza frente a la opinión pública, como si la deuda no generara obligaciones.
La experiencia del menemismo y de la primera Alianza es ilustrativa en este sentido. En 1993, la carga de servicios de la deuda pública sobre el presupuesto del Estado nacional representaba el 6,6 por ciento del gasto total. Fueron 2400 millones de pesos sobre 37.300 millones. En 1994 el gobierno tuvo que destinar el 7,6 por ciento del presupuesto a intereses. En 1995, subió a 9,8. En 1996, bajó a 9,1. Y de 1997 en adelante la evolución siempre fue en ascenso: 13,2 por ciento ese año, 14,5 en 1998 y 17,4 en 1999. A De la Rúa le tocó la peor parte. El plan deuda de los años previos, que su gobierno profundizó con el blindaje –siempre a tasas de interés crecientes–, llevó a que en el presupuesto del año 2000, el 20,4 por ciento del total de recursos se destinara a cancelar servicios de la deuda. En 2001, finalmente, el 24,3 por ciento del gasto disponible del Estado nacional se utilizó para pagar intereses. En números absolutos, 11.700 millones de pesos sobre un presupuesto de 47.900 millones. Es decir, casi una cuarta parte del gasto era para cumplir con los acreedores, lo que no dejaba demasiado para cubrir necesidades básicas de millones de argentinos. En un último gesto desesperado para que los mercados y el FMI siguieran alimentando la rueda del endeudamiento para pagar deuda, Ricardo López Murphy quiso hacer un ajuste brutal que lo eyectó del Ministerio de Economía en 15 días, y Domingo Cavallo, que lo sucedió, se lanzó con el déficit cero y el megacanje. A esa altura, el estallido por el default socio-laboral de la Alianza fue cuestión de meses. Repasando, en ocho años, de 1993 a 2001, la carga de intereses pasó del 6,6 al 24,3 por ciento del presupuesto.
En el mismo período, el stock de activos externos de los argentinos subió de 57.800 millones de dólares a 101.400 millones. Lo que se conoce como la fuga de capitales se llevó una buena parte del endeudamiento de esos años. En 2014, la carga de intereses fue equivalente al 7,6 por ciento del presupuesto, mientras que datos preliminares de los montos ejecutados en 2015 lo sitúan por debajo de esa cifra, aunque las cuentas de inversión que publica la Contaduría General de la Nación aún no permiten obtener números precisos. De todos modos, Cambiemos tiene el taxímetro de la deuda en mínimos históricos. Será su responsabilidad cuidar esa conquista de todos los argentinos y no dilapidarla en otra aventura de la deuda en beneficio de pocos.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-296039-2016-04-02.html
miércoles, 30 de marzo de 2016
El Gobierno le pone sordina al festejo por el nuevo mapa marítimo
30/03/2016.
Por: Ignacio Zuleta.
Debe tener mucho que hacer el Presidente para que haya dejado pasar, como una noticia más, el voto de la ONU.
Debe tener mucho que hacer Mauricio Macri para que haya dejado pasar, como una noticia más, el voto de la ONU que reconoció el nuevo límite - más ancho, más profundo - en el mar Argentino. Antes de asumir dijo que no usaría mucho la cadena nacional, pero esto lo justificaba. La reacción ayer de Londres y Puerto Argentino, y la caída de las acciones de las petroleras comprometidas con proyectos en la zona de Malvinas revelan que ha sido un hecho trascendente. Como explica Virginia Gamba en el reportaje de www.zuletasintecho.com de esta tarde, la decisión de la comisión de límites marítimos inhabilita hacia adelante a los kelpers a extender licencias sobre un mar que ahora se les dice, desde la ONU, que no les pertenece. La hipótesis de la experta en Malvinas es que ahora los isleños le van a ir a decir a Londres que negocie con la Argentina, para defender sus negocios petroleros y pesqueros.
Macri dedicó su semana a Barak Obama, pero esta noticia es más importante que ese viaje. Quizás sus asesores le aconsejaron que no hiciera mucho bardo para no tapar los efectos de esa visita, que seguramente querrá extender en Washington, adonde viaja hoy para verse con el moreno y, más importante, con el presidente de China.
Ayer estuvo en un acto en el conurbano se ocupó en las últimas horas en festejarlo por video a Mario Vargas Llosa y a conversar secretamente con Marcelo Tinelli. Al asunto del mapa atlántico le dedicó un texto breve en su página de Facebook. El gobierno hizo el lunes un acto al que tampoco fue la canciller Susana Malcorra, que mandó un video y entretuvo a los asistentes con una vieja película del canal Encuentro registrada por el régimen depuesto.
¿Quiso no replicar las algaradas malvineras de Cristina de Kirchner, que estiró todo lo que pudo los efectos de los lemas nacionalistas? Puede ser, como quizás tampoco quiere el gobierno que lo señalen, si alzan el tono reivindicativo por Malvinas, como populista y demagogo. Los críticos del kirchnerismo acusaron al anterior gobierno de haber aislado a la Argentina del mundo; ¿cantar victoria por esta victoria del país hubiera significado una agresión inoportuna hacia Gran Bretaña?
Si hubiera festejado colgado del alambrado quizás hubiera logrado algo conveniente, disputrarle las consignas reivindicativas al peronismo, que se siente dueño de todos los nacionalismos y los usa hasta para justificar pagos exagerados y absurdos como el que se hizo en 2005 al FMI (U$S 10.000 millones, sólo para que no se dijera que le daban órdenes desde ese organismo, el rescate más caro jamás pagado) o cuando se daba a las privatizaciones sin freno del año '90.
La cercanía del 2 de abril le da una oportunidad de repechaje para celebrar con el resto del país esta votación que algunos comparan con la resolución 2065 de la ONU que en 1965 le cambió el rumbo a la cuestión Malvinas.
http://www.diarioveloz.com/notas/158703-el-gobierno-le-pone-sordina-al-festejo-el-nuevo-mapa-maritimo
Por: Ignacio Zuleta.
Debe tener mucho que hacer el Presidente para que haya dejado pasar, como una noticia más, el voto de la ONU.
Debe tener mucho que hacer Mauricio Macri para que haya dejado pasar, como una noticia más, el voto de la ONU que reconoció el nuevo límite - más ancho, más profundo - en el mar Argentino. Antes de asumir dijo que no usaría mucho la cadena nacional, pero esto lo justificaba. La reacción ayer de Londres y Puerto Argentino, y la caída de las acciones de las petroleras comprometidas con proyectos en la zona de Malvinas revelan que ha sido un hecho trascendente. Como explica Virginia Gamba en el reportaje de www.zuletasintecho.com de esta tarde, la decisión de la comisión de límites marítimos inhabilita hacia adelante a los kelpers a extender licencias sobre un mar que ahora se les dice, desde la ONU, que no les pertenece. La hipótesis de la experta en Malvinas es que ahora los isleños le van a ir a decir a Londres que negocie con la Argentina, para defender sus negocios petroleros y pesqueros.
Macri dedicó su semana a Barak Obama, pero esta noticia es más importante que ese viaje. Quizás sus asesores le aconsejaron que no hiciera mucho bardo para no tapar los efectos de esa visita, que seguramente querrá extender en Washington, adonde viaja hoy para verse con el moreno y, más importante, con el presidente de China.
Ayer estuvo en un acto en el conurbano se ocupó en las últimas horas en festejarlo por video a Mario Vargas Llosa y a conversar secretamente con Marcelo Tinelli. Al asunto del mapa atlántico le dedicó un texto breve en su página de Facebook. El gobierno hizo el lunes un acto al que tampoco fue la canciller Susana Malcorra, que mandó un video y entretuvo a los asistentes con una vieja película del canal Encuentro registrada por el régimen depuesto.
¿Quiso no replicar las algaradas malvineras de Cristina de Kirchner, que estiró todo lo que pudo los efectos de los lemas nacionalistas? Puede ser, como quizás tampoco quiere el gobierno que lo señalen, si alzan el tono reivindicativo por Malvinas, como populista y demagogo. Los críticos del kirchnerismo acusaron al anterior gobierno de haber aislado a la Argentina del mundo; ¿cantar victoria por esta victoria del país hubiera significado una agresión inoportuna hacia Gran Bretaña?
Si hubiera festejado colgado del alambrado quizás hubiera logrado algo conveniente, disputrarle las consignas reivindicativas al peronismo, que se siente dueño de todos los nacionalismos y los usa hasta para justificar pagos exagerados y absurdos como el que se hizo en 2005 al FMI (U$S 10.000 millones, sólo para que no se dijera que le daban órdenes desde ese organismo, el rescate más caro jamás pagado) o cuando se daba a las privatizaciones sin freno del año '90.
La cercanía del 2 de abril le da una oportunidad de repechaje para celebrar con el resto del país esta votación que algunos comparan con la resolución 2065 de la ONU que en 1965 le cambió el rumbo a la cuestión Malvinas.
http://www.diarioveloz.com/notas/158703-el-gobierno-le-pone-sordina-al-festejo-el-nuevo-mapa-maritimo
domingo, 27 de marzo de 2016
Brasil: el fin de una era
27/03/16.
Por: Pablo Makovsky.
El politólogo y economista argentino Eduardo Crespo, radicado en Río de Janeiro, donde es docente en la Universidad Federal, predice un giro hacia el fascismo de triunfar el golpe institucional contra Dilma Rousseff. Analiza las falencias de gobiernos progresistas que no se animaron a tomar medidas de fondo y augura la caída del Mercosur que, según analiza, tampoco fue dotado de infraestructura.
“Es el fin de una era –dice por teléfono Eduardo Crespo–, y mucho más acá en Brasil que allá en Argentina, porque el kirchnerismo se fue con un apoyo importante, sacó 48% de los votos, tiene todavía algunas figuras con cierta popularidad, y si Macri naufraga con su política económica, algo puede surgir. En Brasil, en cambio, parece venirse algo mucho más a la derecha, si ya hubo un giro neoliberal desde el mismo PT, lo que se avecina puede ser algo claramente fascista”.
Con el retardo típico de las conversaciones de WhatsApp, la voz del argentino Eduardo Crespo suena clara y firme, amistosa. Está en Río de Janeiro, donde es investigador de política y economía en la Universidad Federal. A las 16 del viernes pasado la izquierda convocó a una marcha en la Plaza 15 (la más importante de Río) en rechazo de las demandas golpistas de la oposición contra el gobierno de Dilma Rousseff. A Crespo le hubiese gustado ir. “Pero como sucede con las cosas que organiza la izquierda, son convocatorias para la clase media. Al trabajador que vive en los suburbios de Río y tiene dos horas de viaje del trabajo a la casa ni se le cruza participar de estas movilizaciones”. A las 18.30 nuestro hombre debe ir a buscar a su hijo a la escuela, duda de que pueda asistir a la marcha y señala lo inoportuno del horario.
El gobierno de Dilma está al borde del golpe de estado, el poder judicial y los grandes medios se embanderaron tras el escándalo de corrupción en Petrobras que suma veredictos de jueces, sobre todo del Sergio Moro, a esta altura una figura presidenciable. La gente, esa masa algo indefinida que se comunica a través de redes sociales (Crespo recuerda la frase del recientemente difunto Umberto Eco: “Convierten al idiota del pueblo en un divulgador de verdades”), salió a las calles a pedir la cabeza de Dilma, la de Lula y, según cuenta Eduardo Crespo, la de todo aquel que piense distinto.
“Esto es algo medio inédito –dice–, las reacciones son de gente que nunca discutió de política. A esto se suma que el PT (Partido dos Trabalhadores, fundado entre otros por Lula hace 36 años) tuvo en este tiempo mucho miedo de movilizar, porque el miedo mayor es a la derecha, y siempre se mostró como una izquierda edulcorada. Y hoy los sectores medios y hasta los populares están cooptados por el discurso de la derecha. Así es que hay gente que nunca opinó y de golpe opinan todos con niveles de brutalidad e ingenuidad muy altos. En Brasil la gente es menos desconfiada que en la Argentina, donde puede ser que TN manipule a su audiencia, pero siempre hay un grado de desconfianza. Acá leen cosas insólitas en la Rede Globo o Veja y creen a rajatabla lo que dicen. Incluso es muy fuerte la religión evangélica, crecen muchísimo en las iglesias evangélicas que tienen un alto impacto en los sectores populares y son muy conservadoras, incluso en las bancadas de legisladores hay diputados surgidos de estas iglesias. Esto remite a una sociedad que tiene raíces en la esclavitud y nunca incorpró a los sectores populares a la vida política, si bien en el período varguista (Getúlio Vargas, 1951-1954) hubo rasgos parecidos al peronismo, los sectores populares nunca tuvieron participación en la vida política de Brasil. En estos últimos años el PT los fue incluyendo en términos de ingresos, y ese es uno de los factores más irritativos para la burguesía. Incluso el brasileño universitario nunca piensa los sectores populares como protagonistas de nada, las marchas actuales son todas de clases media”.
En un análisis de 2015, cuando estalló el escándalo de Petrobras, Crespo entendía la crisis del gobierno del PT en estos términos: “La tendencia a mejorar los salarios y la distribución del ingreso fue durante el primer gobierno de Lula, mucho más durante el segundo y en alguna medida continuó durante el primer mandato de Dilma. Hubo mayor acceso a la educación, incluida la universitaria, mejores condiciones de salud, muchas mejoras sociales importantes. En contrapartida, el PT nunca puso en discusión el modelo macroeconómico heredado de la época de Fernando Henrique Cardoso. Si se observa la evolución de los indicadores sociales durante estos años cualquiera de ellos da una mejora y esto no puede ser cuestionado. Se puede decir que Argentina mejoró más, pero es porque se compara contra la debacle de 2002. Brasil no se derrumba en 2000. Lo que Brasil tuvo desde los años 30 hasta por lo menos los 80, fue un paquete desarrollista, cuando fue uno de los países que más creció en el mundo junto a Japón. Las políticas concretas de desarrollo cuando aparecen cuellos de botella o cuando se desea sustituir algo o cuando se quiere promover algún sector, la creación de empresas públicas, la inversión pública, los subsidios. Todo lo que fue el período Getúlio Vargas o de Juscelino Kubitschek o incluso de la dictadura. Cuando se enfocaban en algún sector y se creaba una empresa pública, se ponía dinero, se ponían los mejores técnicos y una década después se tenían varios éxitos. No hay ningún sector productivo brasileño relevante que no haya surgido de la iniciativa estatal. La política redistributiva sin desarrollo tiene un límite. En esto digo que fue similar al conjunto de América Latina, donde no existió un salto cualitativo en la producción. Hubo crecimientos cuantitativos y mejoras distributivas, pero no cambios en la matriz productiva.”
–¿Qué relación hay entre las movilizaciones masivas que se hicieron en grandes ciudades brasileñas contra el gobierno de Dilma y las que se hicieron en Argentina cuando se quería derrocar a Cristina Kirchner?
–Lo que tienen de común, como ocurrió en casi todo el mundo, es que los grupos se organizaban desde las redes sociales, evidentemente organizados desde algún otro lado, como la Primavera Árabe y otros movimientos que en ciertos casos quedó demostrada la intervención de agencias como la CIA, pero las sociedades brasileña y argentina no tienen nada que ver, la nuestra tiene un nivel de educación y formación política muy diferente. Sí hay cambio de signo en toda la región, que adquiere rasgos comunes como en la economía.
–¿Y el fenómeno de la judicialización de la política? Aparece un juez que jaquea a Dilma y no le permite siquiera ubicar a Lula en su gabinete.
–Ese es un rasgo común, con apoyo mediático, los jueces han cobrado una autonomía enorme. Pero el impacto sobre la sociedad es bastante diferente en un caso y otro. Acá en Brasil levantó una polvareda fascista de grandes proporciones, que incluso puede llegar a voltear el gobierno. En Argentina se trata más bien de que los funcionarios del gobierno anterior desfilen por los tribunales. En Brasil puede terminar en la caída del gobierno e incluso con un grado de violencia importante: tenés patotas, patovicas, tipos que van con palos, que se ponen en los puños esos fierritos (manoplas de acero), que andan por las calles enfrentándose, y en las redes sociales es tremendo. Lo más grave es la criminalización del que piensa diferente, si se defiende la institucionalidad te saltan a la yugular escupiéndote que estás a favor de la corrupción. Eso es más fuerte que en Argentina. Es una moral muy selectiva, aunque todos saben que los que van a venir después de este gobierno son mucho más corruptos. Pero la criminalización del que piensa diferente es también la marca de la época en base a la discurso de la corrupción.
–El de la corrupción es un discurso que deja muy cómodos a todos los sectores que generaron su riqueza en base al traspaso de gigantescas deudas privadas al estado, que terminan pagando los trabajadores y la clase media.
–En el suicidio de Getúlio Vargas (1954) ya la derecha usaba este discurso de la corrupción, eso se agrava por esto de las redes sociales, que convierte al idiota de pueblo, como dijera Umberto Eco, en un divulgador de verdades. Pero en política se discuten ideas, en cambio lo único que saben es decir estos personajes es que son todos chorros. Son argumentos fascistas. Sin embargo hay un punto a destacar: no está previsto que las fuerzas armadas puedan tener participación en este proceso golpista, lo que también deja un vacío, porque quienes sean los que vengan si cae Dilma no sé cómo van a parar este clima de descontento, salvo que los medios los apoyen, claro.
–Sin embargo, las medidas neoliberales ya se tomaron en el último período de la presidencia de Dilma.
–Sí, la crisis económica fue en parte generada por el PT, lo que es gravísimo. En 2011 empezaron a desacelerar la economía. En 2012, con la economía parada, inician un ajuste fiscal a gran escala, con interrupción de créditos del banco de desarrollo, restricción del crédito, disminución del dinero que se envía a gobernadores, intendentes y jefes comunales, devaluación y tarifazo, todo junto, en un contexto muy diferente al de la Argentina, donde se puede decir que por unos pocos dólares y el corralito hasta se podría justificar, pero en Brasil las reservas internacionales llegan a 375 mil millones de dólares; incluso Lula reconoce en privado que la política debe ser expansiva. La economía brasileña está en una recesión, el PBI cayó 3%, el déficit amentó de 5 a 10 %, la inflación ya es de dos dígitos y el empleo cae: el PT tiene mucha responsabilidad en esto, realmente la política económica es catastrófica y alimenta el proceso golpista y le da la razón a la derecha.
–¿Es el dilema de los gobiernos de corte reformista que se desarrollaron en América latina, en los que nunca se tomaron medidas de fondo contra el sector financiero o exportador?
–Se muestra a las claras que un tipo de gobierno reformista moderado que intenta mejorar mucho la distribución del ingreso, al final explota si no profundiza las reformas. En Brasil no hubo inversiones significativas en transporte, vivienda o energía, sólo hubo un boom de consumo, como en toda América latina. En Brasil se pasó de unos 23 autos a 46 por año. Rio de Janeiro recibió al mundial y dentro de poco a los Juegos Olímpicos, sin embargo no hay una nueva estación de subte. No hubo reformas significativas, sin embargo se aprovechó la bonanza.
–¿Y qué hay de lo que se dice en Argentina sobre Brasil, que tiene una burguesía nacional más comprometida con el proceso nacional?
–Hay buena parte de las empresas que operan en Brasil que están extranjerizadas y el empresariado ya desde el final de la dictadura apuesta al neoliberalismo, el desarrollismo brasileño es un mito de Argentina, a lo sumo las fuerzas armadas impulsaron cierto nacionalismo, pero el empresariado hoy está pidiendo la caída de Dilma, piden privatizaciones, quieren quedarse con parte de Petrobras. Pero la cuestión golpista ya no es sólo palaciega, en el sentido de una rosca en la Cámara de diputados, sino que tomó las calles, donde hay movilizaciones. Y creo que la derecha tiene la mayoría.
–¿Es posible que el juez Moro sea un candidato a la hora de competir por el poder en Brasil?
–Si la Rede Globo le da apoyo, Moro tiene posibilidades, hubo pancartas en las manifestaciones de San Pablo que llevaban la cara del juez. También puede pasar lo de (Fernando) Color de Mello (destituido en 1992 tras un escándalo de corrupción). Hay figuras más siniestras aún, como Jair Bolsonaro, fascista, xenófobo, el Donald Trump brasileño, dice cosas escandalosas y cuenta con el apoyo de sectores evangelistas. Son figuras en ascenso, ahora, no sé cómo se arma una elección, porque incluso la gente de la PSDB (la social democracia brasileña, aliados hasta la segunda elección de Rousseff en el 2014 del PT, ahora opositores) fueron silbados durante una manifestación en San Pablo, porque también están salpicados por todos los escándalos.
–Con Macri en el gobierno argentino y la caída de Dilma, ¿sería el fin del Mercosur?
–Es complicado porque toda la derecha en América latina está muy vinculada a los tratados de libre comercio que fogonea Estados Unidos, además el Mercosur no tiene una infraestructura, no hay un tren de Buenos Aires a San Pablo que pase por Asunción, es un mercado sin redes que lo conecten. Es la gran deuda de estos gobiernos populistas; el Mercosur se desmoronó por la recesión en Brasil, más allá de iniciativa de armar banco de los Brics, son cosas que pueden quedar en la nada y de hecho nadie se atreve a impulsarlas.
http://www.rosarioplus.com/ensacoycorbata/Brasil-el-fin-de-una-era-20160321-0026.html
Por: Pablo Makovsky.
El politólogo y economista argentino Eduardo Crespo, radicado en Río de Janeiro, donde es docente en la Universidad Federal, predice un giro hacia el fascismo de triunfar el golpe institucional contra Dilma Rousseff. Analiza las falencias de gobiernos progresistas que no se animaron a tomar medidas de fondo y augura la caída del Mercosur que, según analiza, tampoco fue dotado de infraestructura.
“Es el fin de una era –dice por teléfono Eduardo Crespo–, y mucho más acá en Brasil que allá en Argentina, porque el kirchnerismo se fue con un apoyo importante, sacó 48% de los votos, tiene todavía algunas figuras con cierta popularidad, y si Macri naufraga con su política económica, algo puede surgir. En Brasil, en cambio, parece venirse algo mucho más a la derecha, si ya hubo un giro neoliberal desde el mismo PT, lo que se avecina puede ser algo claramente fascista”.
Con el retardo típico de las conversaciones de WhatsApp, la voz del argentino Eduardo Crespo suena clara y firme, amistosa. Está en Río de Janeiro, donde es investigador de política y economía en la Universidad Federal. A las 16 del viernes pasado la izquierda convocó a una marcha en la Plaza 15 (la más importante de Río) en rechazo de las demandas golpistas de la oposición contra el gobierno de Dilma Rousseff. A Crespo le hubiese gustado ir. “Pero como sucede con las cosas que organiza la izquierda, son convocatorias para la clase media. Al trabajador que vive en los suburbios de Río y tiene dos horas de viaje del trabajo a la casa ni se le cruza participar de estas movilizaciones”. A las 18.30 nuestro hombre debe ir a buscar a su hijo a la escuela, duda de que pueda asistir a la marcha y señala lo inoportuno del horario.
El gobierno de Dilma está al borde del golpe de estado, el poder judicial y los grandes medios se embanderaron tras el escándalo de corrupción en Petrobras que suma veredictos de jueces, sobre todo del Sergio Moro, a esta altura una figura presidenciable. La gente, esa masa algo indefinida que se comunica a través de redes sociales (Crespo recuerda la frase del recientemente difunto Umberto Eco: “Convierten al idiota del pueblo en un divulgador de verdades”), salió a las calles a pedir la cabeza de Dilma, la de Lula y, según cuenta Eduardo Crespo, la de todo aquel que piense distinto.
“Esto es algo medio inédito –dice–, las reacciones son de gente que nunca discutió de política. A esto se suma que el PT (Partido dos Trabalhadores, fundado entre otros por Lula hace 36 años) tuvo en este tiempo mucho miedo de movilizar, porque el miedo mayor es a la derecha, y siempre se mostró como una izquierda edulcorada. Y hoy los sectores medios y hasta los populares están cooptados por el discurso de la derecha. Así es que hay gente que nunca opinó y de golpe opinan todos con niveles de brutalidad e ingenuidad muy altos. En Brasil la gente es menos desconfiada que en la Argentina, donde puede ser que TN manipule a su audiencia, pero siempre hay un grado de desconfianza. Acá leen cosas insólitas en la Rede Globo o Veja y creen a rajatabla lo que dicen. Incluso es muy fuerte la religión evangélica, crecen muchísimo en las iglesias evangélicas que tienen un alto impacto en los sectores populares y son muy conservadoras, incluso en las bancadas de legisladores hay diputados surgidos de estas iglesias. Esto remite a una sociedad que tiene raíces en la esclavitud y nunca incorpró a los sectores populares a la vida política, si bien en el período varguista (Getúlio Vargas, 1951-1954) hubo rasgos parecidos al peronismo, los sectores populares nunca tuvieron participación en la vida política de Brasil. En estos últimos años el PT los fue incluyendo en términos de ingresos, y ese es uno de los factores más irritativos para la burguesía. Incluso el brasileño universitario nunca piensa los sectores populares como protagonistas de nada, las marchas actuales son todas de clases media”.
En un análisis de 2015, cuando estalló el escándalo de Petrobras, Crespo entendía la crisis del gobierno del PT en estos términos: “La tendencia a mejorar los salarios y la distribución del ingreso fue durante el primer gobierno de Lula, mucho más durante el segundo y en alguna medida continuó durante el primer mandato de Dilma. Hubo mayor acceso a la educación, incluida la universitaria, mejores condiciones de salud, muchas mejoras sociales importantes. En contrapartida, el PT nunca puso en discusión el modelo macroeconómico heredado de la época de Fernando Henrique Cardoso. Si se observa la evolución de los indicadores sociales durante estos años cualquiera de ellos da una mejora y esto no puede ser cuestionado. Se puede decir que Argentina mejoró más, pero es porque se compara contra la debacle de 2002. Brasil no se derrumba en 2000. Lo que Brasil tuvo desde los años 30 hasta por lo menos los 80, fue un paquete desarrollista, cuando fue uno de los países que más creció en el mundo junto a Japón. Las políticas concretas de desarrollo cuando aparecen cuellos de botella o cuando se desea sustituir algo o cuando se quiere promover algún sector, la creación de empresas públicas, la inversión pública, los subsidios. Todo lo que fue el período Getúlio Vargas o de Juscelino Kubitschek o incluso de la dictadura. Cuando se enfocaban en algún sector y se creaba una empresa pública, se ponía dinero, se ponían los mejores técnicos y una década después se tenían varios éxitos. No hay ningún sector productivo brasileño relevante que no haya surgido de la iniciativa estatal. La política redistributiva sin desarrollo tiene un límite. En esto digo que fue similar al conjunto de América Latina, donde no existió un salto cualitativo en la producción. Hubo crecimientos cuantitativos y mejoras distributivas, pero no cambios en la matriz productiva.”
–¿Qué relación hay entre las movilizaciones masivas que se hicieron en grandes ciudades brasileñas contra el gobierno de Dilma y las que se hicieron en Argentina cuando se quería derrocar a Cristina Kirchner?
–Lo que tienen de común, como ocurrió en casi todo el mundo, es que los grupos se organizaban desde las redes sociales, evidentemente organizados desde algún otro lado, como la Primavera Árabe y otros movimientos que en ciertos casos quedó demostrada la intervención de agencias como la CIA, pero las sociedades brasileña y argentina no tienen nada que ver, la nuestra tiene un nivel de educación y formación política muy diferente. Sí hay cambio de signo en toda la región, que adquiere rasgos comunes como en la economía.
–¿Y el fenómeno de la judicialización de la política? Aparece un juez que jaquea a Dilma y no le permite siquiera ubicar a Lula en su gabinete.
–Ese es un rasgo común, con apoyo mediático, los jueces han cobrado una autonomía enorme. Pero el impacto sobre la sociedad es bastante diferente en un caso y otro. Acá en Brasil levantó una polvareda fascista de grandes proporciones, que incluso puede llegar a voltear el gobierno. En Argentina se trata más bien de que los funcionarios del gobierno anterior desfilen por los tribunales. En Brasil puede terminar en la caída del gobierno e incluso con un grado de violencia importante: tenés patotas, patovicas, tipos que van con palos, que se ponen en los puños esos fierritos (manoplas de acero), que andan por las calles enfrentándose, y en las redes sociales es tremendo. Lo más grave es la criminalización del que piensa diferente, si se defiende la institucionalidad te saltan a la yugular escupiéndote que estás a favor de la corrupción. Eso es más fuerte que en Argentina. Es una moral muy selectiva, aunque todos saben que los que van a venir después de este gobierno son mucho más corruptos. Pero la criminalización del que piensa diferente es también la marca de la época en base a la discurso de la corrupción.
–El de la corrupción es un discurso que deja muy cómodos a todos los sectores que generaron su riqueza en base al traspaso de gigantescas deudas privadas al estado, que terminan pagando los trabajadores y la clase media.
–En el suicidio de Getúlio Vargas (1954) ya la derecha usaba este discurso de la corrupción, eso se agrava por esto de las redes sociales, que convierte al idiota de pueblo, como dijera Umberto Eco, en un divulgador de verdades. Pero en política se discuten ideas, en cambio lo único que saben es decir estos personajes es que son todos chorros. Son argumentos fascistas. Sin embargo hay un punto a destacar: no está previsto que las fuerzas armadas puedan tener participación en este proceso golpista, lo que también deja un vacío, porque quienes sean los que vengan si cae Dilma no sé cómo van a parar este clima de descontento, salvo que los medios los apoyen, claro.
–Sin embargo, las medidas neoliberales ya se tomaron en el último período de la presidencia de Dilma.
–Sí, la crisis económica fue en parte generada por el PT, lo que es gravísimo. En 2011 empezaron a desacelerar la economía. En 2012, con la economía parada, inician un ajuste fiscal a gran escala, con interrupción de créditos del banco de desarrollo, restricción del crédito, disminución del dinero que se envía a gobernadores, intendentes y jefes comunales, devaluación y tarifazo, todo junto, en un contexto muy diferente al de la Argentina, donde se puede decir que por unos pocos dólares y el corralito hasta se podría justificar, pero en Brasil las reservas internacionales llegan a 375 mil millones de dólares; incluso Lula reconoce en privado que la política debe ser expansiva. La economía brasileña está en una recesión, el PBI cayó 3%, el déficit amentó de 5 a 10 %, la inflación ya es de dos dígitos y el empleo cae: el PT tiene mucha responsabilidad en esto, realmente la política económica es catastrófica y alimenta el proceso golpista y le da la razón a la derecha.
–¿Es el dilema de los gobiernos de corte reformista que se desarrollaron en América latina, en los que nunca se tomaron medidas de fondo contra el sector financiero o exportador?
–Se muestra a las claras que un tipo de gobierno reformista moderado que intenta mejorar mucho la distribución del ingreso, al final explota si no profundiza las reformas. En Brasil no hubo inversiones significativas en transporte, vivienda o energía, sólo hubo un boom de consumo, como en toda América latina. En Brasil se pasó de unos 23 autos a 46 por año. Rio de Janeiro recibió al mundial y dentro de poco a los Juegos Olímpicos, sin embargo no hay una nueva estación de subte. No hubo reformas significativas, sin embargo se aprovechó la bonanza.
–¿Y qué hay de lo que se dice en Argentina sobre Brasil, que tiene una burguesía nacional más comprometida con el proceso nacional?
–Hay buena parte de las empresas que operan en Brasil que están extranjerizadas y el empresariado ya desde el final de la dictadura apuesta al neoliberalismo, el desarrollismo brasileño es un mito de Argentina, a lo sumo las fuerzas armadas impulsaron cierto nacionalismo, pero el empresariado hoy está pidiendo la caída de Dilma, piden privatizaciones, quieren quedarse con parte de Petrobras. Pero la cuestión golpista ya no es sólo palaciega, en el sentido de una rosca en la Cámara de diputados, sino que tomó las calles, donde hay movilizaciones. Y creo que la derecha tiene la mayoría.
–¿Es posible que el juez Moro sea un candidato a la hora de competir por el poder en Brasil?
–Si la Rede Globo le da apoyo, Moro tiene posibilidades, hubo pancartas en las manifestaciones de San Pablo que llevaban la cara del juez. También puede pasar lo de (Fernando) Color de Mello (destituido en 1992 tras un escándalo de corrupción). Hay figuras más siniestras aún, como Jair Bolsonaro, fascista, xenófobo, el Donald Trump brasileño, dice cosas escandalosas y cuenta con el apoyo de sectores evangelistas. Son figuras en ascenso, ahora, no sé cómo se arma una elección, porque incluso la gente de la PSDB (la social democracia brasileña, aliados hasta la segunda elección de Rousseff en el 2014 del PT, ahora opositores) fueron silbados durante una manifestación en San Pablo, porque también están salpicados por todos los escándalos.
–Con Macri en el gobierno argentino y la caída de Dilma, ¿sería el fin del Mercosur?
–Es complicado porque toda la derecha en América latina está muy vinculada a los tratados de libre comercio que fogonea Estados Unidos, además el Mercosur no tiene una infraestructura, no hay un tren de Buenos Aires a San Pablo que pase por Asunción, es un mercado sin redes que lo conecten. Es la gran deuda de estos gobiernos populistas; el Mercosur se desmoronó por la recesión en Brasil, más allá de iniciativa de armar banco de los Brics, son cosas que pueden quedar en la nada y de hecho nadie se atreve a impulsarlas.
http://www.rosarioplus.com/ensacoycorbata/Brasil-el-fin-de-una-era-20160321-0026.html
miércoles, 23 de marzo de 2016
Argentina: ¿qué hizo Macri para que Obama lo visite a sólo 100 días de haber asumido?
23 marzo 2016.
Por: Max Seitz, BBC Mundo.
"Hay vientos de cambio en Argentina".
Eso es lo que asegura Mauricio Macri, el político de centro-derecha que asumió la presidencia de la tercera economía de América Latina en diciembre.
El empresario educado en EE.UU. ha dicho que una de sus prioridades es "reparar" las relaciones con los poderes y los inversores extranjeros luego de 10 años de una actitud más bien combativa durante los mandatos de sus predecesores de izquierda, Néstor Kirchner y su esposa –y luego viuda– Cristina Fernández.
Dicho y hecho. Poco después de su toma de posesión, el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, y el presidente de Francia, François Hollande, viajaron a Buenos Aires para ampliar la cooperación económica.
Pero la visita el presidente de EE.UU., Barack Obama, a Argentina este miércoles y jueves, a poco más de 100 días de la asunción de Macri y luego de su histórico viaje a Cuba, es la más significativa de todas.
El último presidente estadounidense que había visitado al país sudamericano fue George W. Bush en 2005, y no la pasó bien.
Durante la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, y en su propia cara, el anfitrión Néstor Kirchner dio por muerto su proyecto de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Desde entonces las relaciones bilaterales fueron de mal en peor y el sucesor de Bush, Obama, tampoco se sintió cómodo con la pareja peronista.
En una reciente entrevista con la cadena CNN, el presidente de EE.UU. admitió que tenía "diferencias" con Cristina Fernández (quien asumió en 2007, dos años antes que él) porque "sus políticas de gobierno eran siempre antiestadounidenses".
En una conferencia de prensa a la que asistió BBC Mundo, el embajador de EE.UU. en Argentina, Noah Mamet, afirmó que la decisión de Obama de visitar el país "claramente reconoce la determinación de Macri de reinsertar a Argentina en la economía global, así como su voluntad de establecer un vínculo con beneficios mutuos para ambos países".
Asimismo, el diario The New York Times comenta que, en el último tramo de su gestión, Obama intenta cumplir su promesa de larga data de escribir un nuevo capítulo en la relación entre Washington y América Latina, una diálogo de igual a igual que reconozca los progresos realizados por las democracias de la región.
Se espera que en Buenos Aires el mandatario de EE.UU. y su par argentino refuercen la cooperación en áreas como comercio, inversiones, energías renovables, cambio climático y seguridad. A Obama lo acompaña una comitiva de 800 empresarios y funcionarios.
Al término de la visita, el presidente estadounidense y su familia tienen previsto pasar algunas horas en Bariloche, la ciudad turística más importante del sur argentino.
Pero, ¿qué ha cambiado tan rápidamente en Argentina para que el país se convirtiera en un súbito destino de líderes mundiales?
Durante la década de Néstor Kichner y Cristina Fernández en el poder, Argentina se convirtió en un país aislado política y financieramente.
El matrimonio peronista no sólo acusaba de "imperialismo" a Washington, sino también al Fondo Monetario Internacional, el cual -según ellos- había sido culpable de la debacle económica del país en 2001.
Sin embargo, los Kirchner acercaron a otras potencias como Rusia y China, y recibieron visitas de líderes como Vladimir Putin y Xi Jinping.
La pareja impuso estrictos controles de capital y de cambio para evitar la fuga de divisas y la devaluación del peso en relación con el dólar.
También sostuvo una dura batalla contra los que denominó "fondos buitre", inversionistas extranjeros que poseían US$9.000 millones en bonos del Estado argentino en default. Esta puja derivó en la segunda cesación de pagos en 2014 (la primera fue en 2001).
Sin embargo, para millones de argentinos la década de los Kirchner –que también puso mucho enfasis en las políticas sociales y el crecimiento– logró recuperar el orgullo nacional.
En sus primeros meses como presidente, Macri (un político pro empresa) ha intentado revertir prácticamente cada una de las políticas clave de sus predecesores de izquierda.
Si los Kirchner eran un fuerte viento del este, el nuevo mandatario es una ráfaga del oeste.
Una de sus primeras medidas fue retomar contactos con EE.UU. y los otros poderes mundiales para "recuperar el papel importante que Argentina tuvo alguna vez en América Latina y el resto del mundo".
Macri anuló los controles de capital y cambio, y golpeó la puerta de grandes bancos internacionales para conseguir nuevos préstamos.
También inició negociaciones con los antes denostados "fondos buitre". Les ofreció a los acreedores pagarles 75% de la cantidad reclamada y algunos de ellos ya han aceptado su propuesta.
No obstante, muchos argentinos piensan que los "vientos de cambio" del presidente han sido más bien un "tornado destructivo": se quejan de que varias de sus polémicas medidas han afectado profundamente su vida cotidiana.
En enero, el Estado dejó de subsidiar la energía y las cuentas de electricidad aumentaron hasta un 300%.
Ese mismo mes, el peso se devaluó un 30% en relación con el dólar en un solo día luego de que Macri decidiera liberar el mercado cambiario.
Estas decisiones han generado un alza de precios y alimentado temores de una hiperinflación, algo que hasta el momento no se ha materializado.
El gobierno de Macri también ha empezado a recortar el gasto público –que se duplicó durante la gestión de los Kirchner– al despedir a miles de empleados públicos, muchos de ellos contratados por el gobierno anterior.
La oposición ha acusado al mandatario de llevar a cabo una "limpieza política" y de promover el desempleo, algo que el gobierno ha desestimado.
Por otra parte, Macri ha introducido algunos de sus cambios por medio de los llamados "decretos de necesidad y urgencia", medidas ejecutivas que permiten saltear al Congreso.
Los críticos lo han calificado de "autoritario", pero él ha dicho que es necesario para transformar Argentina y está dentro de sus atribuciones constitucionales.
Sea como fuere, el nuevo presidente ya ha enfrentado protestas contra algunas de sus medidas.
Parece claro que los mercados internacionales y los acreedores, así como por EE.UU. y otros poderes occidentales, han celebrado la llegada de Macri al poder, después de una cómoda victoria electoral en 2015.
"Creo que Argentina es un buen ejemplo de cambios", le insistió Obama a CNN. "Macri reconoce que estamos en una nueva era y debemos mirar hacia adelante".
Pero analistas advierten que el descontento político y social podría volverse un gran obstáculo en la "cruzada" del nuevo presidente por potenciar el rol de Argentina en el mundo.
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160321_argentina_eeuu_obama_visita_macri_ms
Por: Max Seitz, BBC Mundo.
"Hay vientos de cambio en Argentina".
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| Macri lleva poco más de 100 días en el gobierno. |
Eso es lo que asegura Mauricio Macri, el político de centro-derecha que asumió la presidencia de la tercera economía de América Latina en diciembre.
El empresario educado en EE.UU. ha dicho que una de sus prioridades es "reparar" las relaciones con los poderes y los inversores extranjeros luego de 10 años de una actitud más bien combativa durante los mandatos de sus predecesores de izquierda, Néstor Kirchner y su esposa –y luego viuda– Cristina Fernández.
Dicho y hecho. Poco después de su toma de posesión, el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, y el presidente de Francia, François Hollande, viajaron a Buenos Aires para ampliar la cooperación económica.
Pero la visita el presidente de EE.UU., Barack Obama, a Argentina este miércoles y jueves, a poco más de 100 días de la asunción de Macri y luego de su histórico viaje a Cuba, es la más significativa de todas.
El último presidente estadounidense que había visitado al país sudamericano fue George W. Bush en 2005, y no la pasó bien.
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| Obama acaba de realizar una histórica visita a Cuba. |
Durante la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, y en su propia cara, el anfitrión Néstor Kirchner dio por muerto su proyecto de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Desde entonces las relaciones bilaterales fueron de mal en peor y el sucesor de Bush, Obama, tampoco se sintió cómodo con la pareja peronista.
En una reciente entrevista con la cadena CNN, el presidente de EE.UU. admitió que tenía "diferencias" con Cristina Fernández (quien asumió en 2007, dos años antes que él) porque "sus políticas de gobierno eran siempre antiestadounidenses".
Elogios a Macri
En una conferencia de prensa a la que asistió BBC Mundo, el embajador de EE.UU. en Argentina, Noah Mamet, afirmó que la decisión de Obama de visitar el país "claramente reconoce la determinación de Macri de reinsertar a Argentina en la economía global, así como su voluntad de establecer un vínculo con beneficios mutuos para ambos países".
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| George W. Bush fue el último presidente de EE.UU. en visitar Argentina... hasta Obama. |
Asimismo, el diario The New York Times comenta que, en el último tramo de su gestión, Obama intenta cumplir su promesa de larga data de escribir un nuevo capítulo en la relación entre Washington y América Latina, una diálogo de igual a igual que reconozca los progresos realizados por las democracias de la región.
Se espera que en Buenos Aires el mandatario de EE.UU. y su par argentino refuercen la cooperación en áreas como comercio, inversiones, energías renovables, cambio climático y seguridad. A Obama lo acompaña una comitiva de 800 empresarios y funcionarios.
Al término de la visita, el presidente estadounidense y su familia tienen previsto pasar algunas horas en Bariloche, la ciudad turística más importante del sur argentino.
El antes
Pero, ¿qué ha cambiado tan rápidamente en Argentina para que el país se convirtiera en un súbito destino de líderes mundiales?
Durante la década de Néstor Kichner y Cristina Fernández en el poder, Argentina se convirtió en un país aislado política y financieramente.
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| Obama le dijo recientemente a la cadena CNN que los Kirchner "siempre fueron beligerantes" con EE.UU. |
El matrimonio peronista no sólo acusaba de "imperialismo" a Washington, sino también al Fondo Monetario Internacional, el cual -según ellos- había sido culpable de la debacle económica del país en 2001.
Sin embargo, los Kirchner acercaron a otras potencias como Rusia y China, y recibieron visitas de líderes como Vladimir Putin y Xi Jinping.
La pareja impuso estrictos controles de capital y de cambio para evitar la fuga de divisas y la devaluación del peso en relación con el dólar.
También sostuvo una dura batalla contra los que denominó "fondos buitre", inversionistas extranjeros que poseían US$9.000 millones en bonos del Estado argentino en default. Esta puja derivó en la segunda cesación de pagos en 2014 (la primera fue en 2001).
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| La guerra contra los "fondos buitre" se convirtió en un asunto de orgullo nacional. |
Sin embargo, para millones de argentinos la década de los Kirchner –que también puso mucho enfasis en las políticas sociales y el crecimiento– logró recuperar el orgullo nacional.
El después
En sus primeros meses como presidente, Macri (un político pro empresa) ha intentado revertir prácticamente cada una de las políticas clave de sus predecesores de izquierda.
Si los Kirchner eran un fuerte viento del este, el nuevo mandatario es una ráfaga del oeste.
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| Macri quiere que Argentina salga de su segundo "default". |
Una de sus primeras medidas fue retomar contactos con EE.UU. y los otros poderes mundiales para "recuperar el papel importante que Argentina tuvo alguna vez en América Latina y el resto del mundo".
Macri anuló los controles de capital y cambio, y golpeó la puerta de grandes bancos internacionales para conseguir nuevos préstamos.
También inició negociaciones con los antes denostados "fondos buitre". Les ofreció a los acreedores pagarles 75% de la cantidad reclamada y algunos de ellos ya han aceptado su propuesta.
"Un tornado"
No obstante, muchos argentinos piensan que los "vientos de cambio" del presidente han sido más bien un "tornado destructivo": se quejan de que varias de sus polémicas medidas han afectado profundamente su vida cotidiana.
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| El presidente de Francia fue uno de los primeros líderes mundiales que se reunió con Macri. |
En enero, el Estado dejó de subsidiar la energía y las cuentas de electricidad aumentaron hasta un 300%.
Ese mismo mes, el peso se devaluó un 30% en relación con el dólar en un solo día luego de que Macri decidiera liberar el mercado cambiario.
Estas decisiones han generado un alza de precios y alimentado temores de una hiperinflación, algo que hasta el momento no se ha materializado.
El gobierno de Macri también ha empezado a recortar el gasto público –que se duplicó durante la gestión de los Kirchner– al despedir a miles de empleados públicos, muchos de ellos contratados por el gobierno anterior.
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| "Sus políticas de gobierno eran siempre antiestadounidenses" Barack Obama sobre la expresidenta argentina Cristina Fernández. |
La oposición ha acusado al mandatario de llevar a cabo una "limpieza política" y de promover el desempleo, algo que el gobierno ha desestimado.
Por otra parte, Macri ha introducido algunos de sus cambios por medio de los llamados "decretos de necesidad y urgencia", medidas ejecutivas que permiten saltear al Congreso.
Los críticos lo han calificado de "autoritario", pero él ha dicho que es necesario para transformar Argentina y está dentro de sus atribuciones constitucionales.
Sea como fuere, el nuevo presidente ya ha enfrentado protestas contra algunas de sus medidas.
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| Una de las medidas más polémicas de Macri ha sido el fuerte aumento de las tarifas de electricidad. |
Parece claro que los mercados internacionales y los acreedores, así como por EE.UU. y otros poderes occidentales, han celebrado la llegada de Macri al poder, después de una cómoda victoria electoral en 2015.
"Creo que Argentina es un buen ejemplo de cambios", le insistió Obama a CNN. "Macri reconoce que estamos en una nueva era y debemos mirar hacia adelante".
Pero analistas advierten que el descontento político y social podría volverse un gran obstáculo en la "cruzada" del nuevo presidente por potenciar el rol de Argentina en el mundo.
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160321_argentina_eeuu_obama_visita_macri_ms
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